martes, 16 de septiembre de 2008

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La ciudad de Popayán (del maya Pop, o gran señor y Payán, nombre del Cacique de la región) fué fundada en 1587 por Juan de Ampudia según instrucciones de don Sebastián de Belalcázar cuyo propòsito era el de fundar una ciudad en el lugar equidistante del Valle del Río Cauca, de los mares del Sur, del Caribe y del reino del Perù, que fuera la sede de sus dominios.
Los primeros años de la ciudad se caracterizan como los de las otras ciudades de la regiòn por el constante asedio por parte de los indígenas nativos que intentaban recuperar su territorio. Sin embargo, en la medida en que otros conquistadores y otras tropas iban llegando a la ciudad, los indígenas se iban viendo cada vez más desplazados, hasta que a finales del siglo XVII se entró en una etapa llamada de ¨pacificación¨.

Quizás el sino fatal que ha pesado con más fuerza en la historia de la ciudad ha sido el de los terremotos. En efecto, en 1564 se registra el primer sismo que conmovió la región y destrozó todo aquello que se había construido hasta entonces, con excepción del Templo de La Ermita. Luego de esta primera catástrofe natural, se registra un importante impulso: aparecen los primeros conventos, se reconstruye la catedral con teja y ladrillo, al tiempo que se descubren los primeros yacimientos minerales que serán la base de la economía de la región.

Con la llegada de los encomenderos y sus indios de repartimiento se comenzaron a explotar las minas de Almaguer, Guachicono, Puracé, Caloto, Timbiquí y Chocó. Es por entonces cuando, ante la insuficiencia de la mano de obra, en 1592, don Francisco Auncibay solicita a la Corona la importación de esclavos aptos para soportar los climas que los indígenas no toleraban; si bien la corte real prohibía la esclavitud en América, los traficantes de esclavos europeos no tardaron en llegar con inmensos cargamentos de negros del Africa.

Popayán se convirtió por entonces en sede del comercio del oro de la región. En ella se establecieron las Arcas Reales para tasarlo y en 1626 se construyó el camino de Guanacas con el fín de evitar los asaltos que sucedían a lo largo de los caminos prehispánicos. A partir de entonces la ciudad se afianzó no solamente como sede política colonial de la gobernación sino como centro mercantil de comercio exterior, abastecedor de productos para el valle del Cauca, Chocó, Pasto y Quito inclusive.
En 1736 Popayán se sacude con el segundo terremoto de su historia, tanto o más violento que el de 1564. Averiadas subsistieron algunas de las más sólidas construcciones, entre las cuales nuevamente el templo de la Ermita, la Torre del Reloj, el Seminario de la Compañía y parte de los monasterios. La reconst
rucción, financiada por las familias más adineradas de la ciudad, duró hasta finales del siglo.

Luego de librar la batalla de Boyacá, el libertador se instalaría en la hacienda de Japio y Popayán se convertiría en sede de las milicias que seguían combatiendo al ejército que retrocedía hacia el Sur. La independencia de Ecuador, Perú y Bolivia, se constituiría entonces en el mayor desangre económico y humano que hubiera sufrido Popayán a lo largo de su historia.


A finales del siglo XIX el tráfico de comercio por el Río Magdalena y el Camino de Guanacas se desplazó a Panamá, Buenaventura y Cali, perdiendo Popayán su calidad de centro de distribución mercantil, así como su hegemonía sobre el territorio que integraba el Gran Cauca.

Ya en el siglo XX, la ciudad se vió afectada por la suspensión de los ferrocarriles en la década de los 80, por la conmoción de la industria bancaria y particularmente por la aparición en las cordilleras de grupos subversivos que aún permanecen en ellas. Finalmente, el terremoto que sacudió a la ciudad en 1983 volvió a causar estragos. Nuevamente reconstruida, hoy la ciudad, reconocida por las festividades y procesiones que recorren sus calles en época de Semana Santa, es uno de los principales centros turísticos del país.